Últimamente estoy estudiando en la casa de mi mamá. Eso significa que estoy vetada de la cocina, donde manda Zoraida y más nadie. Así que, cuando voy a almorzar acá, tengo que hacer todo un cortejo complejo para convencer a Zori de que por favor me haga x o y cosa, que no le eche al almuerzo mantequilla, crema, tomate, pimentón y la lista larguísima de cosas que no puedo comer. Aunque ella me dice que sí, que sí y que sí con una sonrisa que parece sincera pero que en realidad es de desesperación, hasta que por fin la dejo en paz, tengo sospechas cada vez que como acá. En mi casa mando yo sobre mis sartenes, así que cuando almuerzo allá, sé exactamente qué estoy comiendo, desde dónde lo compré, hasta con qué lo cociné y cómo lo serví. Y por supuesto, allá puedo hacer quinua y todas las cosas deliciosas que están permitidas. Aquí, me resigno a no comer arroz blanco (y a explicarle a Zori, otra vez, por qué no voy a comer arroz mientras mi mamá se ríe).
Hoy no me desperté tan energética como ayer. De hecho, son las 12 del día y no he revisado sino dos artículos. Aunque, en mi defensa, esta madrugada leí dos capítulos del libro de Scott, el libro clave para mis exámenes doctorales. Espero que la cosa se mejore en lo que queda del día. Ya no tengo ni un minuto que perder. Sin embargo, y aquí viene el comentario que tiene que ver con el programa, no tengo ni el más mínimo antojo de coca cola light o de tinto, mis dos principales fuentes de cafeína. Sobre todo porque lo que tengo no es sueño ni cansancio sino mamera y la mamera no la curan las bebidas negras. De hecho, no la cura nada excepto un sacudón.
Esta mañana hice la malteada de leche de coco con mango, piña y maracuyá, solo que no le eché ni piña ni maracuyá porque no había y que en realidad fue de manga (mango tommy) y no de mango. Podría escribir un libro entero de por qué detesto la manga, pero ahora solo voy a decir que es una vaina fibrosa y maluca que no sabe a nada y que no le hace honor a sus primos, el suculento mango de finca de tierra caliente o el blandito y deliciosamente empalagoso mango dulce. Duré una hora tomándomelo por lo fea. Incluso, lo volví a licuar con más stevia, clorofila y jengibre para que subiera un poco mejor pero no la logré. Igual me la tomé, pero salí de mi casa tremendamente aburrida. Lo grave es que mi almuerzo tampoco pinta locamente emocionante (atún de lata con verduras al wok, lo que no me emociona es el atún de lata). Tal vez termine sorprendiéndome. Igual, mañana cocinaré yo en mi casa para asegurarme de que todo esté delicioso y libre de sospechas. Tengo planeado parar esta tarde en la pescadería de Central para darme un gustazo con un pedazón bien bonito de atún o salmón.
Lo bueno es que ayer salté lazo y logré saltar 10 minutos seguidos sin inmutarme. No he perdido mi estado físico a pesar de los meses que llevo sin correr por el asma. Tendré que volver a amarrarme los tenis pronto para probarme en el parque. No veo la hora.
Compra un bien lomito de atun y uno bueno de salmon, es increible. El atun de lata esta bien, pero es un poco triste y te va a dar aburriemiento seguro. No es facil, pero la idea de cambiar habitos no es solo lo que uno come sino como uno compra. Bisous!!
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