domingo, 20 de mayo de 2012

Día quince

Anoche me prguntaron que qué tatamiento me estaba haciendo en la cara que me veía de quince. Es el piropo que Junger anuncia en el capítulo uno y que efectivamente se cumple. En mi caso, mis ojeras características se han disminuído notablemente. En el caso de L, se le fueron unas imperfecciones con las que había peleado un largo rato. Sin embargo, la pesa está estancada desde hace unos buenos días y eso es bastante desmotivante, aunque Junger dice que también es normal. Que uno primero baja, después se estanca, y después vuelve a bajar. Espero acabar esto con por lo menos dos kilos menos más.
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Me comí de medias nueves unos orejones y un puñado de nueces. Alimentos permitidos en horas no permitidas. Desayuné muy temprano y me salió menos de tres cuartos del vaso de jugo y claro, tenía bastante hambre. La tarde es menos difícil de pasar porque uno tiene el almuerzo sólido en la barriga.
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Me voy a tomar un vino tinto. No un sorbo. Una copa entera. Un Cabernet/Carmenère 2010 de Aliwen, una de esas marcas que nunca decepciona y tiene precios razonables.
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Al final me tomé media copa. Ame regó el resto sobre mis apuntes de Empresariado e Innovación, el examen del viernes.

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