Me ha
hecho falta escribir, pero he estado un poco más ocupada que de costumbre y con
muchos viajes, y por ende jet lag, encima. Debo confesar que me he vuelto un poco snob con la comida. Mi cuerpo definitivamente pide comida
limpia y fresca y la comida que antes me gustaba, pero no me alimentaba, no
tienen el mismo efecto sicológico que tenían antes.
Me he
podido mantener delgada a pesar de que no he comido tan bien desde que terminé
Clean. Sin embargo, mi piel ha
tenido un pequeño reversazo. No
muy grave, pero es evidente que hay algo que no va muy bien conmigo y no he
podido averiguar que es. Por
suerte, se perfectamente qué es lo que sí funciona.
Tengo
muchísimas ganas de volverme a inscribir al programa por unas dos semanitas
pero no lo veo factible teniendo en cuenta los viajes que tengo encima en estos
días, y la cantidad de compromisos.
No es cuestión de ponerse ‘peros’, pero lo que más afecta la habilidad
de comprometerse con el detox es no estar en la cocina de uno. Tengo tantas cosas por hacer que no
creo que pueda lograr lo que logró Cristina en Colombia. No creo que haya tiempo para educar a
la familia a comer distinto, y mucho menos ir a buscar las cosas que necesito. Por lo menos no en este viaje que tengo
pendiente a Bogotá.
Una cosa
sí es verídica. Esto me ha
cambiado la vida. En todos los
sentidos. Hay algo en mi que definitivamente encontró un
camino; un sentimiento de bienestar y felicidad a largo plazo, una purga física
y espiritual de una envergadura mucho más grande que lo que se entiende con la palabra “dieta”. Me da mucha felicidad que
Cristina lo completó conmigo, como para saber que no me estoy enloqueciendo, ni
adoptando fanatismos extraños.
Hay
algo adentro más lindo y más bueno, en todos los sentidos.
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