Acabo
de regresar de Ibiza y, como no quería ser la invitada mamona, decidi poner la
dieta en hold por 3 dias. Siendo como
soy que es ‘o todo o nada’ me emborraché delicioso con los amigos. La verdad el retox es una delicia y uno se da
cuenta que lo chévere de no tomar trago es poder tomar trago para celebrar
cosas especiales en vez de que el trago se vuelva una constante en la
vida. El problema es que uno no se da
cuenta que cada vez uno toma más trago inconscientemente por eso es mejor
regularlo y dejarlo para esos momentos.
De las
cosas no permitidas comí muy poco; un croissant, unos huevos reveltos, un café,
y un poco de puré de papas trufado, un toque de paella y algunos trozos de
fuet que me supieron a gloria. Para tres
días muy poca comida, y dieta liquida (trago) todo un dia bajo el sol. Al menos consumí buena dosis de vitamina D.
Lo que más me impresionó fue lo poco que
realmente necesité comerme el pan o los huevos y el desprecio que le cogí a los
zumos azucarados de paquete. Soy una
enamorada de la carne de res, pero no pude tolerar la carne que nos sirvieron
en el restaurante y la cambié por el pollo.
La carne me supo demasiado fuerte y almizclada, aunque se supone que el
cordero ‘sabe a chivo’, como diría mi papá y no la carne de res. Pero cada loco con su tema. Mañana les cuento las historias del detox de
mi amiga Marta; historia mucho mas extrema que la mía y bastante reveladora de su
estilo de vida, y todo el autoanálisis que ha logrado hacer.
Por cierto, estoy bastante flaca. Por fin cupe en alguna ropa linda que no usaba hace rato y en mis jeans de flaca. Muy interesanteeee! Lo malo es que tengo una toz espantosa de los cigarrillos que me fumé y dos granos en la nariz que es un sitio en donde nunca me salen. Todo este tiempo hablando de cambios hormonales, no me lo hubiera creído si me hubieran dicho que la comida pudiera culpable de tantas cosas.
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