jueves, 29 de marzo de 2012

El regreso de Cristina a Secas

Surjo de diez días de convalecencias con tres kilos menos (creo que no comí mucho en esos días) y pensando en muchas cosas relacionadas con el cuerpo. La más importante es que reconocí que soy una asmática en negación. Siempre he pensado que es una enfermedad de niñas flojas que no quieren terminar el test de Cooper en el colegio. Sin embargo, estoy tremendamente equivocada. Siempre que me da gripa, termino con una tos inmunda y por no tomarme los inhaladores todos los días, ayer descubrí que tengo una lesión (vieja y ya calsificada, pero igual lesión) en el pulmón izquierdo. Aparentemente, tener asma y no cuidárselo, puede llevarlo a uno a un enfisema bastante rápido, como si uno se fumara 25 cigarrillos al día. Así que, reality check, soy asmática y tengo que cuidarme. La buena noticia es que hacer ejercicio aeróbico (como correr y montar en bici) es excelente para el asma y por eso siempre la he podido mantener bajo control sin ser juiciosa con los inhaladores. La mala, es que está vetado de mi vida por un par de semanas más hasta que esté totalmente bien. Así que en estos días voy a tener que ser extra juiciosa con la comida porque las trampas alimenticias sin ejercicio son mortales. Puedo ganarme esos tres kilos sin darme cuenta en menos de una semana.

Por otro lado, quería contar una anécdota. Hace seis años nos invitó a Coveñas un primo de mi papá. Obviamente, como pueden suponerlo, como buen terrateniente de Coveñas, se trataba de un paisa (medellinense para ser exactos) fifí. En general, fue un buen paseo. La casa era espectacular y la comida deliciosa. Nadamos, careteamos, caminamos por la playa y fuimos felices, excepto una sola cosa: no a una sóla persona interesante en todo el paseo.

Mentiras, había una, y esa es la historia que voy a contar. Todas las mujeres, excepto mi mamá, mi hermana y yo, tenían algún tipo de cirugía estética. Y algunas eran bastante notorias, a pesar de ese código tácito de las mujeres ricas de meterse cuchillo sin que se note. Una tarde nos fuimos las "mujeres" a charlar a la playa porque los hombres se habían ido a hacer algún plan bien macho al que ni siquiera habían invitado. Todo muy raro para uno que viene de familia liberal y tiene papá feminista. Llegaron varias señoras de casas vecinas y nos sentamos a comer toronja con sal y agua. En realidad mi hermana, mi mamá, yo y la única otra señora que parecía una señora normal, de 50, la única con un vestido de baño entero, comimos toronja con sal porque las otras ni lo tocaron. A la señora del vestido de baño entero la miraban con condescendencia las otras mujeres y cuando hablaban de gimnasios y cirujanos decían "esta ni sabe". Después ve vine a enterar que la señora del vestido de baño entero era la gerente de innovación de lo que hoy es Nutressa. Una mujer brillante, interesante, chistosa, encargada de la innovación de una de las empresas más innovadoras del país. Ella, que era la única que tenía algo que aportar de ese corrillo de mujeres espantosas, se sentía mal porque no se veía como las otras y dejaba que la trataran con condescendencia porque no tenía el ombligo arreglado. Go figure.

2 comentarios:

  1. Necesitamos más ejemplos de mujeres interesantes que también estan en forma.. por que es muy fácil no trabajar y solo ir al gimnasio, lo cual NO es una opción en nuestro caso...

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  2. Ella era bien guapa. En mi parecer, se veía mejor que las otras mega arregladas que eran como grillas ricas aparentando buen gusto.

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