Mi primer día de régimen fue ayer y me fue regio. Todo en órden. Hice dos horas y cuarto de ejercicio, leí como una loca, comí poco y sano y me dormí temprano y feliz sintiéndome regia. Hoy, segundo día, comenzó bien, pero terminó más o menos. Ingerí 1500 calorías, 300 por encima de las que tenía planeadas. Los gaffes fueron un chocolate negro de El Rey que me acabo de empacar y pan a la hora del almuerzo. El chocolate se explica porque tengo que entregar un ensayo mañana y escribir cosas académicas me pone nerviosa; el pan, porque estaba almorzando en un restaurante y no aguanté la tentación. Aclaro que se explican pero no se justifican.
Hoy tampoco hice ejercicio, fuera de caminar un poco desplazándome de un lugar a otro. Ahorita haré un par de secuencias de yoga para compensar la cosa.
Lo bueno es que a pesar de los gaffes, solo comí cosas sanas. Lo malo es que a pesar del chocolate, no he terminado el ensayo. Últimamente me ha funcionado tomarme un tequila para terminar de escribir, pero eso sí que estaría por fuera del espíritu de este proyecto. Prefiero comerme otro chocolate que tomarme los dos dedos de tequila que se estaban volviendo un hábito. Lo que sí no podré evitar es dormirme tarde. Y al paso que voy, va a ser muy tarde.
Como este tipo de retos se comienza una vez pero se recomienzan varias veces al día, recomienzo en este momento otra vez y en un rato, recomenzaré otra.
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