viernes, 30 de marzo de 2012

Todo sobre mi madre


No podré contarlo todo, pues seria un poco extraño pero para propósitos de este blog quiero decir que aún no he conocido una mujer más bella que mi madre.  No he visto una belleza semejante en mujeres de mi generación, ni en las que hoy en día tienen 40 y se matan en el gimnasio, no lo he visto en las celebridades de moda y eso que he tenido el privilegio de ver en persona muchísimas mujeres hermosas en la gloria de su juventud, dentro de los misterios de su raza y el exotismo de su tipo; no he visto nada más bello.

Quizás la veo a través de los lentes del amor, o quizás es un tipo de nostalgia por el pasado, el recuerdo de lo que viví a su lado o una imagen de mi infancia que fue tan linda que a veces hasta duele.  La belleza de mi madre siempre ha sido  para mi un fenómeno de la naturaleza y un gran regalo.  Crecí viendo el poder arrollador de la belleza, estudiar de cerca las ventajas, y a veces desventajas, de tener ese don.  Entender el efecto tan profundo, y a veces devastador, que tiene su presencia en otras personas.  Vi la manera como puede cambiar el ambiente de todo un salón cuando ella entra y el deseo, voluptuoso y exuberante, que suscita entre sus muchos admiradores.

Algunos creerán que una relación hija/madre es complicada bajo estas circunstancias tan extremas.  Por el contrario, la relación con mi madre siempre ha sido muy fácil ,y si ha sido difícil, es por lo sobreprotectora e intensa que puede ser conmigo.  Y a pensar de que muchas madres se comparan con sus hijas y viceversa, nunca me permitiría la injusticia de tratar de compararme con ella; siempre supe que ella era un regalo y que yo tengo desde hace tiempo mi propio destino, único e irreverentemente mío.  


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