Por más
gente que haya en las montañas del mundo, esquiar me sigue pareciendo un
deporte extremo. Y es que no hay nada como
llegar al pico de una montaña, dejarse atrapar por el pánico, paralizarse,
sudar frío y no poder entender por qué carajos uno se atrevió a pensar que esta
cosa era placentera. Quedarse
quieto, respirar entrecortado, tratar de
ignorar a los otros súper esquiadores que zumban al lado y desaparecen en la
bruma, dejarse intimidar por la magnitud de la montaña y querer estar en casa
en posición fetal.
Dicen
los instructores que hay que partirlo todo en pedacitos digeribles, que no hay
que dejarse ganar del miedo. Hay que
tomar las cosas con calma momento por momento.
Imagino que así debe ser este desafío, tomar la decisión correcta en
cada momento, de a poquitos y de repente ya pasaron los 90 días. Estoy sobre simplificando por que siempre hay
razones por las cuales uno no toma la decisión correcta, pero eso es material
de otro post. Por ahora les dejo fotos
de los moretones de mi amiga, que quiso ganar la carrera de trineos y lo logró.


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