Mi adolescencia adoleció de rebeldía, en la época en que todas se rebelaban de los papás y hacían ‘cagadas’. No me interesaban los amiguitos y me quedaba en casa leyendo, estudiando o fantaseando con el profesor de turno o con un galán de film noir. Desde muy joven iba al gimnasio, no como un deber ni una obsesión sino con la tranquilidad de quien cumple con su rutina. Me gustaban los videos de ejercicio de Cindy Crawford que me prestaba Cristina.
Siempre fui irremediablemente traste en el deporte, lo cual era una lástima para los profesores de educación física; mucho tamaño de pelada para ser tan mala en el voleibol y el baloncesto. Corría como alma que lleva el diablo con mis piernas largas y fuertes que adoro; era lo único que no requería mucha coordinación. Eso y dodgeball, que buena era en dodgeball, nadie me ponchaba! Nadie me ponchaba pero no era suficientemente diestra para atrapar una pelota que pudiera salvar a alguien de mi equipo de la ‘cárcel’.
Mi
actitud ante la comida fue muy sana y tranquila hasta que me enamoré por
primera vez y dejé de comer y me puse como un palillo; eso me gustó. Después en el desamor me dejé engordar, la
primera mini engordada. Me di cuenta que
mi actitud hacia la comida había cambiado cuando me encontré literalmente
enchufándome una canastilla de empanadas sola, seguida por un tarro de
arequipe, seguido por una arepa en una sucesión de salado intercalado con dulce
sin final. Eso fue justo antes de tomar
los ICFES. No se cual era la angustia
por que, en ese entonces, ya sabia que no iba a quedarme a estudiar en Bogotá. El día del prom de graduación estaba a punto
de explotarme del vestido prestado.
En la
universidad me puse los famosos ‘freshmen 15’, que son las 15 libras de más de
pura 'garosa'. Mi cerebro aparentemente no
pudo lidiar con el ‘all you can eat’ de las comidas de las universidades y de
la mamitis tan seria que me dio ese primer año.
Sentía que de alguna manera tenia que comer para hacer valer esa platita
que se había invertido ahí.
Me pasé
todos mis 20s adelgazándome y engordándome; las adelgazadas nunca fueron tan
feroces como la primera ni las engordadas tan ridículas como la primera de las
15 libras universitarias. Por alguna
razón extraña cuando me ven mis amigos que no me ven desde hace tiempo siempre
dicen que estoy mas flaca aunque en realidad este más gorda. Creo que esto se debe a un problema de
percepción; que en el imaginario siempre sigo siendo mas rellena que como estoy en el presente... extraño.
Sigo
con la actitud de que en una fiesta en donde uno paga la entrada uno siempre
debe comer todo lo que le sirven a uno en el plato, lo mismo en los
restaurantes y en casa de amigos… así que pues, esto de CLEAN es la primera vez
que hago un detox de verdad verdad. Creo
que estoy preparada, ya que pude completar una semana de comer vegetariano y lo
logré. Desafortunadamente la sensación
de hacer detox me da ansiedad de lo que pueda pasar en el futuro, y entonces no
he comido muy bien estos últimos tres días que más que nada han sido
desastrosos…. Pero ahí voy.

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