miércoles, 17 de abril de 2013

Sobre la dieta paleo

El último experimento nutricional de Laura y mío ha sido la dieta paleo. Por supuesto, la sugerencia vino de Laura, la mujer más trendsetter que conozco y que está en Londres, la cuna de todo lo nuevo. Lo primero que me dijo Laura es que su coach de nutrición le había dicho que la única forma que tenía para mejorar su piel era haciendo una dieta antihongos estricta que implicara "no alimentar a los hongos" con azúcares o carbohidratos de ningún tipo.
Desde hace varios años, pero en especial desde que hice la desintoxicación del Dr. Junger hace un año, me acostumbré a estar muy consciente de lo que como. Lo bueno de esto es que la calidad y el sabor de la comida que ahora se come en mi casa ha aumentado enormemente. Cada vez cocino mejor y más rico. Por ejemplo, en vez de salsa de tomate, comemos tomates confitados. En vez de milo con leche, tomamos leche de almendras con cacao puro y miel de abejas para Ame y para Ale (sin miel para mí). El resultado es que uno termina comiendo mejor, más saludable, más llenador y con menos calorías
Por supuesto, estar en regímenes de ese estilo requiere un nivel de compromiso y dedicación absoluto y a veces uno tiene deslices. Como dice Gyneth Paltrow, hay que encontrar el balance entre el tofu y el cigarrillo semanal. Sin embargo, hay deslices de deslices. A mí me gusta tomar trago y seguiré haciendo trampas con un vino o un tequila los fines de semana. Ese es un desliz normal. Sin embargo, mi último desliz, que consistió en dos meses de vino y excesos en Europa, me costó cuatro kilos. Más otros dos que andaba arrastrando por ahí, seis. Más los otros dos que nunca bajo pero siempre quiero bajar para estar como cuando tenía 25 años, ocho. El detonante fue el paseo de Semana Santa, en el que una amiga a la que adoro pero que no se preocupa mucho por el ejercicio me dijo en paseo de piscina "Cristy, ya eres de las nuestras".
Por recomendación de Laura terminé comprando en el Kindle un libro sobre la dieta paleo y metiéndome compulsivamente a cuanto blog encontré sobre el tema. La dieta paleo no es muy diferente a la dieta "Clean" que ya conocía, pero implicaba cortar también la quinua, el amaranto y la avena, cereales que estaban dentro de mi categoría de muy saludables. Al principio pensé que era difícil. Sobre todo, porque la filosofía de la dieta era comer como antes de la revolución agrícola, es decir, como un cazador recolector versión Hollywood, con unos argumentos pseudocientíficos pendejísimos. Sin embargo, sabía que la dieta funcionaba y había visto resultados increíbles en diferentes personas. Además, sí había leído varios artículos con soporte científico serio diciendo que el azucar es hoy en día lo que el colesterol era en los 80's. Empecé hace tres semanas y he estado muy juiciosa, excepto los fines de semana he comido de todo pero con moderación. El resultado hasta el momento han sido 2,7 kilos abajo, que no es mucho para tres semanas, pero son pero kilos bien bajados. Bien bajados porque que se nota que son de pura grasa porque he ganado masa muscular en estas semanas en las que volví a entrenar.
Entonces, en qué consiste la dieta:
Puedes comer: huevos, carne de ganado alimentado con pastos y pollo orgánico (tengo un proveedor en Bogotá que se llama Pollos Periquita y lleva las cosas a la casa, también recomiendo La Boutique de las Carnes), pescados y mariscos (ojalá no de río), pato y carne de cacería (esto es un poco exótico y complicado, pero digamos que si no le da angustia ecológica como a mí, Kari podría comerse la guartinaja de desayuno el domingo sin problema como se usa en Barranquilla); nueces (ojo, el maní es una leguminosa, no una nuez), frutas en moderación y ojalá solo en la mañana (Laura come solamente frutos rojos y cítricos, yo soy más liberal con el tema porque estoy en el trópico y la papaya con limón es mi debilidad); verduras sin limitación, excluyendo la papa y los demás alimentos con almidones y la soya, pero incluyendo aguacate; abstenerse de los lácteos, excepto la mantequilla, y jalarle a las grasas buenas sin limitación. Yo le metí un ingrediente adicional y es que no como nada después de las 6 de la tarde (claro, excepto cuando no puedo, porque no se le puede olvidar a uno el balance entre el tofu y el cigarrillo) y ejercicio ventiado. Un menú típico sería algo así:

Predesayuno, solo si salgo a correr madrugada, me tomo medio vaso de leche de almendras sin azúcar (hay que comprarla así, o hacerla)
De desayuno, un huevo y dos claras en mantequilla con ratatouille o alguna verdura, un té verde y 3/4 de taza de papaya o de alguna fruta.
De medias nueves: unas 12 almendras
De almuerzo: una taza de sopa de zuchini con perejil, espesada con guatila, un pedazo de pollo asado con un pelín de aceite de coco, un pedazo de plátano maduro pequeño (si ese día entreno, si no, me lo salto. Laura come patacón frito en aceite de coco a la lata, muy paleo y delicioso), una ensalada generosa de espinaca bebé, tomate, aguacate y rábanos con una cucharadita de mayonesa hecha en casa (yemas y aceite de oliva, usando las yemas que sobraron del desayuno) con cilantro. Nota: la mayonesa Comapán no tiene almidón como las otras, sobre todo las que se hacen llamar"light", y se podría comer en este regímen.
De onces: una (o dos) cucharadas de coco disecado y dos dátiles (si voy a entrenar, si no, me salto los dátiles)
De comida: un pedazo de pescado y otro poco de ensalada.
Si me da hambre tomo caldo hecho en casa que tengo congelado en la nevera. Hago una ollada gigante cada mes y lo congelo en bolsitas que alcanzan para Ame y para mí (porque a ella le encanta). Laura le hecha gelatina sin sabor al caldo porque ayuda contra la celulutis, pero yo no he dado ese salto todavía. Cuando lo haga les contaré.

Cada cuál puede hacerse menús por el estilo dependiendo de cuánto tiempo tenga y qué le gusta comer.
Si uno se organiza, puede cocinar los domingos y tener platos listos para la semana. Ahora tengo quién me ayude a cocinar y he podido sofisticar la cosa, pero en el pasado me he encargado yo exclusivamente de la cocina y sé que si uno hace un ratatouille y un buen fondo una vez a la semana, tiene para cocinar fácil mil recetas toda la semana. Es cuestión de creatividad.
Un menú así suma unas 1300-1400 calorías al día, y termina uno comiendo de sobra las vitaminas que necesita durante el día. La bajada es lenta, pero segura. No le dan bajonazos de energía y puede comer delicioso sin problema. Si uno hace ejercicio, está comiendo la dieta perfecta para tener más energía y ver resultados más rápidos.
Hay que tener en cuenta que esta es una dieta que puede ser costosa porque uno termina comiendo alimentos más caros (las nueces son más caras que las papitas, el pollo orgánico es más caro que el arroz, la leche de almendras más cara que la leche de vaca, etc) pero también es cuestión de organizarse. Llevar almuerzo a la oficina siempre va a ser más barato que almorzar por ahí, incluso si el almuerzo que uno lleva es un sofisticado salmón con ensalada.
Sobre el ejercicio, volví a comenzar a entrenar y estoy haciendo kickboxing dos veces a la semana y entrenamiento funcional (tipo StepAhead, pero sola) una vez a la semana. Los fines de semana camino mucho con mi mamá por Guasca (2-4 horas, dependiendo de qué tan dura sea la caminata y qué tanto subamos al páramo) y estoy volviendo a comenzar a trotar. Eso último me ha costado trabajo pero la idea es salir dos o tres veces a la semana antes de desayunar. La mayoría de la gente no tiene tanta flexibilidad de tiempo como los estudiantes para hacer ejercicio, pero uno sí puede meterle por lo menos 5 horas a la semana repartidas en una hora tres días entre semana y dos horas el domingo o algo así. Eso es cuestión de sacudirse la pereza y empezar de a poquitos. Además, gracias a los miles de videos que hay en Youtube, uno no tiene porque pagar entrenador, gimnasio ni nada por el estilo. Basta con unos tenis, un lazo para saltar, unas botellas de agua (para levantar, no para tomárselas) y listo.
Por último, y esta sí es una confesión un poco penosa, comencé a seguir en Twitter y en Instagram a chicas de esas que se llaman Tatifitness, Cristyfitness y cosas así y en verdad han sido una motivación enorme. A veces son un poco lobas, pero tienen buenas recetas y solo verlas en el gimnasio tomándose foto con cara de pato mostrando sus abdominales perfectos, me recuerda que tal vez no quiero tanto ese brownie. Además, ellas siempre están reafirmando que "strong is the new skinny", lema que me cae de perlas a mí que soy la que levanta las maletas en la casa.